Fotografía de Aleix Plademunt
Fotografía de Aleix Plademunt
13.07.2026

¡Cambio de mano! Dilalica

Exposición de Laura Sebastianes en Dilalica. Del 25 de junio al 31 de julio de 2026.

Esperamos que se produzca un cambio, o quizá, más bien, un intercambio – una cosa por otra, un proceso en dos direcciones, dos o más partes que se dan algo mutuamente, en el que se produce una cierta reciprocidad.

Laura Sebastianes sugiere una variación en el título del relato de Antonio Tabucchi, Cambio de mano, en el que se inspira el título de esta exposición: añadir unos signos de exclamación a un sintagma aparentemente neutro. Aquí se produce claramente un cambio y se pasa así de un gesto a un campo de posibilidades: una llamada de atención, un anuncio, una señal de alerta, una acción repentina. También se añade una cierta ligereza e ironía a este movimiento que es pasar algo de una mano a otra.

El cambio del espacio de Dilalica que propone Laura Sebastianes consiste principalmente en una serie de intercambios parciales entre escalas, funciones y modos de ocupación y de expansión del propio espacio expositivo. Las piezas transfieren propiedades de un ámbito a otro: la maqueta adquiere presencia arquitectónica, la arquitectura se comporta como escultura, el interior incorpora el exterior y el espacio expositivo deja de ser contenedor para convertirse en interlocutor. El uso de zonas a las que habitualmente no se les da un uso expositivo, como el almacén y el baño, o la incorporación de nuevos espacios –como el altillo, que ya existía antes de que Dilalica se abriera como tal– prolongan esta lógica de desplazamiento y transferencia. La exposición renegocia así continuamente sus propios límites y formas de uso. Estos gestos que lleva a cabo Laura en el espacio hacen visible una arquitectura que parecía permanecer en reserva, como si la exposición hubiera desplazado, como si la exposición hubiera desplazado, en un cambio de mano, el peso de un lugar a otro, revelando espacios que siempre estuvieron ahí, aunque todavía no habían sido activados.

En el relato de Tabucchi la información relativa al intercambio que debe producirse por una causa desconocida nunca llega a hacerse explícita. A medida que avanza la historia, el gesto aparentemente simple de entregar algo a otra persona se desplaza hacia un territorio más ambiguo en el que los recuerdos, las identidades y los roles comienzan a intercambiarse. El teatro aparece entonces como un lugar central: los personajes parecen actuar dentro de una representación cuyo guión desconocen, observándose unos a otros como espectadores de una escena. El cambio de mano acaba revelándose así como una operación más amplia de sustitución y desplazamiento, donde diferentes niveles como son realidad y ficción, pasado y presente, e incluso vida y muerte se reflejan en todo momento.

El intercambio que no acaba de hacerse explícito en el relato de Tabucchi introduce en esta propuesta de Laura una dimensión relacional que encaja con la práctica del arquitecto Raimund Abraham, según el cual la arquitectura podía existir como idea, maqueta o intervención, sin la obligación de resolverse en edificio. Sus dibujos, maquetas y construcciones eran estados que intercambiaban funciones y estatutos entre sí. Así, la maqueta, en lugar de preceder el edificio o espacio, como ocurre en esta exposición, puede tener la misma autonomía que ellos.

Del mismo modo que en el relato de Tabucchi los personajes actúan dentro de una representación teatral cuyo sentido permanece parcialmente oculto, la intervención de Laura transforma Dilalica en una especie de dispositivo escénico donde cada espacio parece asumir provisionalmente otra función. Así, Laura propone una serie de intervenciones en las que arquitectura y ficción se entrelazan en espacios que parecen existir de forma simultánea como lugares reales y como escenarios. Estos desplazamientos – una escalera desplegable que permite acceder a un espacio habitualmente inaccesible al público, un almacén que se abre, un altillo recuperado – operan como cambios de mano, pequeños movimientos que alteran la relación entre las cosas y hacen que el espacio se vuelva extraño a sí mismo en esa dramaturgia de intercambios.

Como el signo de exclamación añadido al título, a veces un gesto mínimo basta para que lo conocido deje de ser exactamente lo mismo y se muestre bajo una luz distinta. Es entonces cuando se produce el cambio que quizá estábamos esperando.

Texto de Sergi Álvarez Riosalido

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