Entre el movimiento de la cámara y las grietas de la retina humana surge una imagen que desborda: un sol que también es una aparición, una luz que se manifiesta en lugares que reclaman fe y preguntas. Lo sobrenatural nos interpela.
En la videoinstalación El milagro del sol (2025), el artista Albert Gironès nos lleva a lugares cargados simbólicamente como Fehrbach (Alemania), Fátima (Portugal) o Medjugorje (Bosnia y Herzegovina). En los tres tuvo lugar el fenómeno del milagro del sol en el contexto de unas apariciones marianas. El primero en ser registrado fue el que tuvo lugar el 13 de octubre de 1917 en Fátima. Según los testimonios, aquel día llegaron a reunirse hasta 70.000 personas porque unas niñas pastoras habían anunciado que la Virgen María realizaría una señal visible. Lo que muchas personas afirmaron haber presenciado fue que el sol parecía bailar en el cielo, girar sobre sí mismo, emitir destellos de colores y descender en zigzag hacia la multitud antes de regresar a su posición normal.
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Algunos datos que pueden servir para abrir preguntas sobre cómo la luz, desde el cine, configuró imaginarios colectivos a finales del siglo XIX:
El 28 de diciembre de 1895 los hermanos Lumière realizaron su primera proyección pública de cine en París, en el Salon Indien del Grand Café.
El 18 de junio de 1896 tuvo lugar la primera proyección pública de cine en Lisboa, en el Real Colyseu da Rua da Palma, y entre ese año y el siguiente se celebraron las primeras proyecciones en otras ciudades del país.
La primera película de la historia del cine en Portugal se filmó en 1896 en Oporto por Aurélio da Paz dos Reis: Saída do Pessoal Operário da Fábrica Confiança.
¿Podríamos leer aquella fascinación colectiva por fenómenos lumínicos como el milagro del sol en paralelo a la atracción que comenzaba a despertar el cine en Portugal, pero también en toda Europa?
Desde los siglos XVIII y XIX podemos identificar una fascinación colectiva por los fenómenos lumínicos alimentada por tecnologías de proyección precinematográficas como la linterna mágica, el fenaquistiscopio o el zoótropo. Estas primeras máquinas ópticas convertían la luz en aparición y, de algún modo, cuando a finales del siglo XIX el cine surge como arte y como espectáculo, se confirma la capacidad de una tecnología capaz de generar colectivamente visiones que mezclan lo maravilloso con lo real. No sería casual que los testigos del milagro del sol describieran fenómenos de luz con palabras que también podrían servir para relatar una proyección: el sol que baila, que se proyecta hacia la multitud, que inunda el aire de colores.
Quizás el cine y los milagros compartan la condición de ser dispositivos de fe visual, capaces de convocar comunidades ante un acontecimiento lumínico que sobrepasa la percepción ordinaria.
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También en Fehrbach, un pequeño pueblo de Alemania, se reportaron durante la década de 1950 diversas apariciones marianas que atraían a fieles de la región. Los testimonios describían fenómenos de luz en el cielo, con colores y movimientos aparentemente inexplicables. Los relatos locales sobre los fenómenos de Fehrbach reflejan tanto la dimensión religiosa como la psicológica de las experiencias colectivas ante sucesos que parecen extraordinarios. En Medjugorje, las apariciones marianas comenzaron en 1981, cuando un grupo de jóvenes afirmaba ver a la Virgen María sobre la colina de Podbrdo. Los testigos relataban luces inusuales, resplandores y visiones que parecían brotar del cielo.
Albert Gironès visitó cada uno de estos tres lugares para registrar en super 8 y 16 mm los fenómenos lumínicos y las apariciones que allí se relataban, pero se encontró con la limitación intrínseca de la técnica: las cámaras no pueden reproducir por completo la intensidad, el movimiento ni el resplandor percibidos por el testigo. Investigando estos fenómenos como anomalías perceptivas, fruto tanto de las limitaciones de los dispositivos fotográficos como de la vulnerabilidad del sistema visual humano, Albert Gironès sitúa estas experiencias en el límite entre la prueba empírica y la fe, combinando investigación científica, práctica artística y trabajo de campo para explorar la tensión entre la realidad percibida y la captura visual.
A través de alteraciones sonoras, trazos directos sobre el celuloide y movimientos intencionados de cámara durante la grabación, Albert Gironès busca generar una imagen que solo el ojo humano puede percibir. Mediante estas técnicas, el artista traslada a la imagen cinematográfica una percepción que los medios técnicos, por sí solos, no serían capaces de capturar, explorando así los límites entre la experiencia visual inmediata y la reproducción material de la luz y el movimiento.
Como un sol que danza solo para quien lo contempla, El milagro del sol de Albert Gironès nos recuerda que existen experiencias que habitan siempre entre el deseo de ver y la imposibilidad de retener lo visto. Y es precisamente en ese límite —entre percepción e inexplicable, entre fe y técnica— donde se manifiesta, quizá, el verdadero resplandor de lo que nos rodea.
Texto de Sergi Álvarez Riosalido
La exposición El milagro del sol de Albert Gironès tuvo lugar entre el 17 de octubre y 11 de diciembre de 2025 en el Centro Cultural Las Cigarreras de Alicante.