«Un cuerpo es un mecanismo físico. Se dobla, se tensa, salta. Un cuerpo es, simultáneamente, el agente y el resultado de la acción. El cuerpo se construye, se moldea, se corrige». La frase aparece en el texto que Josep Quetglas escribió a propósito de Boxing Le Corbusier, la instalación que Yago Conde realizó en el COAC con motivo del centenario del arquitecto. Ahí el cuerpo, más allá de una medida abstracta de la arquitectura, viene a ser materia que se dobla, se tensa, salta, y que atraviesa objetos y espacios al mismo tiempo que estos lo atraviesan. Una silla modifica una espalda; una acera acaba imponiendo una manera de caminar. El cuerpo actúa sobre su entorno, pero también es producido por él.
El último verbo en la lista que presenta Quetglas, corregir, nos permite plantear alguna pregunta más: ¿corregir respecto a qué modelo, con qué idea de cuerpo correcto en mente? Hace falta todo un aparato de saberes, objetos y arquitecturas para decidir su posición adecuada, sus movimientos posibles o sus límites. La cultura física que Quetglas reconoce en Le Corbusier – esa atención simultánea a las propiedades de los materiales y a las del cuerpo – lleva implícita una política: donde un cuerpo puede ser modelado, existe ya la posibilidad de decidir cuál debe ser su forma.
No parece casual que el propio Yago Conde se interesara por esta cuestión en su tesis doctoral. En uno de los capítulos de su investigación describe el cuerpo en confrontación «con los sistemas que la cultura y el poder han impuesto sobre él» (1) y plantea, frente a ellos, la posibilidad de «subversión, manipulación y desestabilización» (2) de las constantes que pretenden ordenarlo. Además, al analizar el trabajo de Diller, Scofidio y su relación con Duchamp, Yago Conde identifica un mundo de balanzas, instrumentos de medición, prótesis y dispositivos arquitectónicos ante los cuales «el cuerpo es continuamente cuestionado, confrontado, vestido, ocultado, puesto en coordenadas, revelado, en tensión con estos artilugios de medición y observación» (3). El cuerpo aparece así como algo que se hace legible en contacto con una serie de dispositivos y no como una entidad anterior y autónoma sobre la que posteriormente actúa la arquitectura. Medir un cuerpo, observarlo, iluminarlo o situarlo en unas coordenadas son también maneras de producirlo.
Boxing Le Corbusier se presenta en Barcelona a finales de los 80, una fecha que es difícil de neutralizar. Es en 1992 cuando la ciudad se presenta al mundo mediante el gran teatro corporal de los Juegos Olímpicos: cuerpos entrenados, medidos, disciplinados, expuestos como imágenes de rendimiento y salud. También es un momento atravesado por otra manera de hacer visible el cuerpo. Diez años después de los primeros diagnósticos de vih-sida, el cuerpo occidental había adquirido una condición política nueva: podía ser portador, podía estar contaminado, podía pertenecer a la «población general» o quedar inscrito en un denominado «grupo de riesgo». La enfermedad convirtió ciertas prácticas sexuales en signos con los que clasificar cuerpos y comunidades enteras. Susan Sontag ya lo señaló en El sida y sus metáforas (1989): la epidemia reactivó una antigua operación moral, la de convertir la enfermedad en el índice de una transgresión (4).
No hace falta suponer que Yago Conde teorizara de forma explícita en esa relación entre el cuerpo olímpico y el cuerpo epidemiológico, pero la contemporaneidad entre ambos y su experiencia directa resulta, cuando menos, motivo de reflexión: mientras unos cuerpos se entrenaban para representar la vitalidad de una ciudad, otros se convertían en signos de riesgo. Unos y otros estaban siendo, de una forma absolutamente concreta, interpretados y corregidos bajo unas coordenadas que distribuían normalidad y desviación.
Referencias
(1) Yago Conde, Arquitectura de la indeterminación, Actar, Barcelona, 2000, p. 173.
(2) Yago Conde, op. cit., p. 173.
(3) Yago Conde, op. cit., p. 170.
(4) Susan Sontag, “El sida y sus metáforas”, La enfermedad y sus metáforas; El sida y sus metáforas, Debolsillo, Barcelona, 2026, p. 186.
Texto para la publicación Yago Conde. Estados de indeterminación (2026), editado por Dilalica con motivo de la exposición con el mismo título.