Splendor Solis, códice iluminade de finales del siglo XVI
26.11.2018

Les nits incendiades. Alquímia i representació en la poesia de Palau i Fabre Colloque International Josep Palau i Fabre, confluences poétiques et artistiques, Sorbonne Université (París)

Todavía es necesario preguntarse por aquellas cosas que parece que, por la naturaleza de éstas, jamás podremos llegar a comprender. Josep Palau i Fabre reivindicó una tradición atravesada por la locura, como es la tradición alquímica, para reencontrar una grandeza similar a la grandeza del ser humano, como apuntaba en el prólogo de Poemes de l’alquimista. La alquimia evocaría una realidad alejada de un juicio que determina las cosas en el mundo de una manera clara y distinta y, así, la responsabilidad del poeta, del escritor que se hace cargo de la lengua, consistiría en reivindicar esta herencia que va más allá de la realidad cotidiana y directa.

Esta comunicación pretende establecer vínculos entre los planteamientos artísticos y filosóficos de Palau i Fabre con los de Antonin Artaud, quien, en su célebre libro Le théâtre et son double, dedica un capítulo al teatro alquímico y a profundizar en la virtualidad que comparten la alquimia y el teatro, ya que ambos se caracterizan por no llevar en ellos mismos ni sus fines ni su realidad. Los alquimistas, sostiene Artaud, saben que el símbolo alquímico es un espejismo, una ilusión como lo es el teatro. En poemas como “Mirall” o “Poeta-Narcís”, es evidente cómo Palau i Fabre, escapando de una imagen de la realidad según la cual ésta sería simple y unitaria para ella misma, es consciente de cómo la identidad está completamente atravesada por una alterada que la constituye y cómo la poesía puede tener lugar gracias a (y a partir de) esta tensión, entre lo que las cosas son y la palabra que las somete. La poesía sería el fuego, este elemento alquímico que con la forma del triángulo señala hacia arriba, que afirma y repite aquello que no puede decirse en medio de la noche oscura, pero que, al mismo tiempo, respeta y necesita.

It is still necessary to ponder those things which, because of their very nature, seem impossible to understand. Josep Palau i Fabre vindicated a literature grafted with madness such as the alchemic tradition, in order to re-encounter a form of grandness similar to that of man, as he suggested in his prologue to the Alchemist’s Poems. Alchemy could summon up a reality far from any judgment that determines things through clear-cut distinctions; therefore, the poet’s responsibility –the duty of the writer who takes charge of the language– would consist in upholding this legacy that surpasses the everyday, immediate reality.

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