Fotografías de Aleix Plademunt
Fotografías de Aleix Plademunt
26.09.2026

Hacerse rala – Dilalica

Exposición de Mikel Escobales en Dilalica. Del 17 de septiembre al 31 de octubre de 2026.

Un vidrio nos muestra lo que hay detrás de él, pero paradójicamente nunca deja de mostrarse a sí mismo. El filósofo y crítico de arte francés Louis Marin escribió sobre esto a propósito de la pintura y la fantasía de la representación como duplicado transparente de las cosas: «estar presente y ausente al mismo tiempo es una buena definición visual y conceptual de una cosa transparente: un cristal a través del cual miro el paisaje que hay más allá. Si tiene arañazos, o manchas o borrones, de pronto veo el propio cristal de la ventana en lugar del jardín, su césped y sus árboles» (1). En ese instante, el cristal se muestra a sí mismo y desvía la mirada hacia su propia superficie. Estos cambios de plano en la percepción es, para Marin, condición de toda representación y es ahí donde se sitúan las obras de Mikel Escobales: lo que queda detrás de las esculturas de vidrio se disuelve entre superficies y reflejos, y lo que llega hasta nuestra mirada es el resultado de esa tensión entre transparencia y opacidad.

Con la expresión «hacerse rala», Mikel Escobales traslada a su práctica una serie de procesos vinculados a la pérdida de densidad, de la consistencia de las cosas o de la solidez que antes tenía un objeto. Ralear, más allá de desaparecer o perder consistencia, significa que algo deja de aparecer de forma compacta, introduciendo intervalos o pausas donde antes parecía haber continuidad. En ese sentido, ralear también se aplica a los racimos de las vides cuando éstos no granan enteramente y quedan huecos donde debería haber un fruto apretado. Sin dejar de desaparecer, este proceso de hacerse rala, genera un estado menos compacto y atravesado por huecos.

Esta condición no saturada atraviesa las obras que componen la exposición, desde las esculturas en vidrio hasta las fotografías. En las primeras, la transparencia se encuentra afectada por la materialidad de las piezas. Los vidrios se superponen, son perforados y atravesados por tubos metálicos que se proyectan hacia el espacio, de manera que aquello que vemos a través de ellos queda inevitablemente mezclado con reflejos y sombras. La pared, que debería funcionar como fondo, reaparece entonces en la superficie y fondo y superficie dejan de ocupar lugares estables.

Una de las operaciones de la opacidad tiene lugar en aquello que permanece materialmente en el signo cuando este representa otra cosa. En un intento de transparencia, la representación aspira a borrarse para hacer aparecer aquello que representa, pero su materia nunca puede eliminarse por completo. En las obras de Mikel Escobales ese resto ocupa un espacio privilegiado en la medida en que la imagen o el vidrio dejan de conducir de manera inequívoca hacia un referente y se presentan como cosas en sí mismas.

Así ocurre en las fotografías cuando todavía pueden reconocerse algunos fragmentos de objetos pero en gran medida el referente se ha debilitado hasta el punto en el que resulta difícil nombrar. Las manchas de color ocupan el lugar de aquello que esperaríamos reconocer. Sin llegar a desaparecer completamente, lo que se hace rala es la capacidad de las imágenes para devolvernos con claridad al objeto del que proceden. En este sentido, recuerdan a la pregunta que el historiador del arte Erwin Panofsky formula ante La tempestad de Giorgione: ¿en qué momento una mancha amarilla deja de ser simplemente una mancha para convertirse en un relámpago? (2) Así, nombrar lo que vemos devuelve una estabilidad que la propia experiencia visual no contiene necesariamente.

Hacerse rala puede entenderse menos como una desaparición total de las cosas como un dejar espacio para que puedan darse otro tipo de relaciones menos saturadas y menos compactas. Si aceptamos que no puede darse una oposición simple entre transparencia y opacidad, atendiendo a las fuerzas que las conectan (superposición, ocultación, fusión, ambivalencia…), entenderemos la operación que lleva a cabo Mikel Escobales con sus piezas, todas ellas sensibles a estas tensiones: la fotografía pierde el objeto, el vidrio incorpora aquello que debía quedar detrás y el espacio se introduce en la obra mediante luces y reflejos.

Nada termina de desaparecer, pero tampoco nada permanece completamente en su sitio. Hacerse rala podría ser también dejar de coincidir del todo con una forma fija o dejar de dar por hecho que todo tiene que ser enteramente inmóvil.

(1) Louis Marin, «Opacity and Transparence in Pictorial Representation», Est: grunnlagsproblemer i estetisk forskning (Oslo), n.º 2, 1991, p. 57.

(2) Louis Marin, «Opacity and Transparence in Pictorial Representation», op. cit., p. 65.

Share: Facebook Twitter