24.02.2021

¿Quién ama hoy a Mondrian? revista El Ciervo

En 1959, quince años después de la muerte de Piet Mondrian, la artista brasileña Lygia Clark escribía una carta al artista donde expresaba su sentimiento de soledad y las contradicciones que le suponían pertenecer a un grupo de artistas. En ella, terminaba con la declaración «Mondrian: hoy, te amo».

Si alguien más declara hoy su amor hacia Piet Mondrian tiene hasta el 1 de marzo para visitar la exposición Mondrian y De Stijl en el Museo Reina Sofía de Madrid. Posiblemente habrán oído hablar de ella porque la promoción que se ha hecho desde su inauguración en noviembre ha sido intensa y, además, parte de la crítica de nuestro país la ha considerado como una de las exposiciones del año. En efecto, resulta instructivo el recorrido que propone la exposición desde las primeras obras de Mondrian hasta su producción más popular y reconocible hoy en día hasta en toallas y fundas de gafas. La relación entre el contexto artístico, social e ideológico del movimiento De Stijl y la posición particular de Mondrian, así como de otros integrantes menos conocidos como van der Leck, Rietveld o Vantongerloo entre otros, ofrece un panorama muy pedagógico del modo en el que todos ellos pretendieron apropiarse de la realidad para transformarla a partir de disciplinas como el diseño, la arquitectura, el arte o la escritura, no sin tensiones entre ellos.

Mondrian, como Malévich o Kandinski, quienes, casi a la par en la década de 1910, crearon y teorizaron a partir de una aspiración que puede simplificarse en la abstracción pero que va mucho más allá de un mero proyecto artístico, ha sido estudiado y expuesto durante décadas. Sin embargo, esta exposición del Museo Reina Sofía no consigue generar un debate o una perspectiva especialmente originales. Resulta un tanto decepcionante que se haga alusión en esta promoción de la exposición a los vínculos con el arte latinoamericano, por ejemplo, pero que no estén presentes en ella, cuando podría ser una oportunidad para pensar el lugar que ocupa Mondrian en el canon artístico y en la historia del arte. No se puede decir que el Museo Reina Sofía, con sus exposiciones y su programación artística y de investigación, no tenga en cuenta el arte latinoamericano. De hecho, Manuel Borja-Villel explicaba cómo desde una cierta crítica llevada a cabo por artistas latinoamericanos de los años 40 y 50 se cuestionaba la obra de Mondrian en la medida que no llegaba a romper el marco, que su obra no se extendía en el espacio y por tanto a los cuerpos, pero también que se podía establecer una genealogía entre Mondrian y ese arte por aspirar en ambos casos a construir formas que pertenecieran al mundo. Lamentablemente, en esta ausencia de artistas como Torres García, la misma Lygia Clark, Lygia Pape u otros artistas que formaron parte del neoconcretismo brasileño, la exposición se convierte en una ocasión perdida para llevar a cabo una propuesta que estaría mucho más en consonancia con la línea del museo.

Por otro lado, la muestra se hace algo breve ya que, debido a la pandemia, la exposición no ha podido contar con los fondos del MoMA. Incluir estas obras, posiblemente, no habría cambiado en exceso el discurso pero, de nuevo, habría contribuido a no decepcionar en relación a las expectativas generadas por la promoción. Sin duda es una decisión arriesgada la de haber mantenido esta exposición pese a las condiciones sanitarias mundiales y sus obstáculos, pero es una decisión que sin duda agradecerán todas aquellas personas que, como Lygia Clark, declaran hoy su amor por Mondrian.

Artículo publicado en el #785 de la revista El Ciervo

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